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Mujeres que Abren Caminos: Historias que Inspiran a la Industria de la Construcción

Día Internacional de la Mujer · 8 de marzo

En una industria históricamente dominada por hombres, son cada vez más las mujeres que, con determinación y talento, están transformando el paisaje de la construcción en Chile. Sus trayectorias no solo desafían estereotipos: también demuestran que la equidad y la diversidad enriquecen los equipos, fortalecen a las organizaciones y abren nuevas rutas de desarrollo para todas y todos.

Rompiendo paradigmas desde la máquina: Natalia y la fuerza de una oportunidad

Hace cinco años, Natalia Villafaña dejó Caldera para iniciar un camino que pocas mujeres han transitado: convertirse en operadora de minicargador. Hoy, desde su labor en obras de la Región Metropolitana, recuerda con gratitud la oportunidad que cambió su vida:

“Me dieron la oportunidad de operar maquinaria, y eso es algo que casi nunca se les da a las mujeres”, dice con firmeza.

Su experiencia ha estado marcada por un entorno que la acogió desde el primer día.

“Tengo un muy buen equipo, es como mi segunda familia. Me hicieron sentir parte desde el inicio y eso no pasa en todos lados”.

Natalia tiene claridad sobre la importancia de abrir más espacios en el rubro:

“Las mujeres podemos hacer cualquier trabajo. Hoy hay soldadoras, operadoras, maestras, supervisoras. Siempre deberían darnos la oportunidad”.

Pero su mensaje no romantiza la dificultad: operar maquinaria exige concentración, responsabilidad y un temple que desafía la percepción común.

“La gente cree que solo te subes a la máquina y ya, pero cada día es distinto. Hay peligros, hay que estar pendiente de todo. No es fácil”.

A eso se suma otra verdad: el doble esfuerzo que enfrentan miles de mujeres en Chile.

“Ser mujer tampoco es fácil. Estamos pendientes del trabajo, de la casa, de los niños… de todo”.

Pese a ello, Natalia avanza y agradece trabajar en un lugar donde la inclusión no es discurso, sino práctica cotidiana.

Construyendo confianza y comunidad: Olga y el impacto del trabajo social en la construcción

Desde Arica, Olga Sanzana aporta otra mirada: la de quienes conectan a la empresa con su entorno. Trabajadora social de profesión, llegó a Bitumix en diciembre de 2024 para liderar el relacionamiento comunitario y, desde entonces, su experiencia ha sido profundamente significativa.

“Mi incorporación ha sido un proceso muy positivo y enriquecedor, tanto en lo profesional como en lo personal”.

Entrar a un rubro tradicionalmente masculino no estuvo exento de desafíos, pero sí de orgullo.

“Ser parte de esta transformación me impulsa a seguir demostrando que nuestras capacidades no tienen género”.

Olga destaca con fuerza la cultura laboral que encontró:

“Desde el primer día me sorprendió el respeto y el buen trato. El profesionalismo está por encima de cualquier diferencia”.

Su rol implica un trabajo esencial para el proyecto social de la empresa: escuchar, responder, acercarse a las comunidades y fortalecer vínculos.

“Relacionarme con las comunidades, responder con rapidez y mejorar su entorno es algo que me llena de orgullo”.

Para ella, la equidad de género no es solo un desafío pendiente, sino un motor para el desarrollo organizacional:

“Cuando potenciamos equipos diversos, los resultados se multiplican y fortalecen la cultura”.

Y sobre el aporte femenino al rubro de la construcción, Olga lo resume con convicción:

“Nuestras competencias, talentos y visión no tienen género”.

Un camino que se sigue construyendo juntas

Las historias de Natalia y Olga muestran que la igualdad no se conquista con discursos, sino con oportunidades reales, respeto y equipos que entienden el valor de la diversidad. Son relatos distintos, pero unidos por la fuerza de mujeres que han decidido abrir camino en una industria que hoy se transforma con ellas.

En este Día Internacional de la Mujer, sus voces nos recuerdan algo fundamental: cuando las puertas se abren, las mujeres no solo entran, sino que impulsan, mejoran y hacen crecer todo lo que construyen.

“Si mi experiencia puede inspirar a más mujeres a integrarse y hacer suyo este espacio, entonces me doy por satisfecha”, dice Olga.

Y Natalia lo confirma con su ejemplo:

“Las mujeres podemos hacer cualquier trabajo”.